PROCESIONARIA

01/06/2016
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Durante el inicio de la primavera se produce la migración de las procesionarias u orugas del pino. Hay que tener especial cuidado entre Febrero y Abril.

El contacto de este insecto con la piel del perro desencadena una dermatitis urticante que puede resultar más o menos grave dependiendo de la zona de contacto y la gravedad e intensidad del mismo.

El diagnóstico temprano es fundamental para limitar las secuelas y la mejor medida contra esta intoxicación por contacto es la prevención evitando las condiciones de exposición.

Los perros normalmente suelen ser los que sufren el contacto: directamente con las orugas, con los nidos caídos al suelo y en raras ocasiones, con pelos llevados por el viento (que generalmente pueden producir problemas oculares).

El contacto más habitual suele ser la vía oral produciéndose una inflamación de la lengua (glositis) y de los labios (queilitis). Se puede producir en algunos casos (aunque es bastante raro) contacto ocular con las sustancias urticantes que pueden producir inflamación de los párpados (blefaritis) e incluso úlceras corneales.

Si el perro aspira al olfatear los pelos de las orugas, se produce una rinitis aguda.

En el hombre, lo más frecuente son las lesiones cutáneas, que suelen ser raras en perros.

En los pelos de la oruga se localiza una toxina que produce una intensa y prolongada reacción inflamatoria (muy parecida a una reacción alérgica aguda). Al quedarse los pelos clavados en la mucosa, esta reacción continúa durante bastante tiempo.

La sintomatología que podemos encontrarnos es nerviosismo, se tocan la boca con las patas, tragan rápido, babeo, vómitos, dolor al tocarles la zona de la boca... Al poco tiempo se inflaman los labios y la lengua (en algunos casos no pueden cerrar la boca).

Si la sintomatología avanza podemos tener dificultad respiratoria, edema a nivel de la laringe, fiebre, convulsiones e incluso muerte del animal (debido a una reacción sistémica).

Las lesiones suelen evolucionar (durante semanas) hacia la necrosis, pudiendo producirse pérdida del tejido que haya tenido contacto con la toxina.

Es muy importante, si sospechamos que nuestra mascota ha tenido contacto con estas orugas o sus nidos, acudir de forma inmediata al veterinario para poder poner un tratamiento temprano que evite la evolución de la reacción alérgica y favorecer que las lesiones resultantes tengan la mejor recuperación posible.

El tratamiento médico se basa en el uso de corticoides de acción rápida (lo ideal es aplicarlos por vía intravenosa para que el efecto sea más rápido), en ocasiones asociados a antihistamínicos. En casos graves se procede a la sedación del animal para aplicar corticoides en inyección local. Para evitar problemas digestivos asociados a la medicación, se suele mandar un protector gástrico adecuado.

Con el objeto de evitar infecciones secundarias, se asocia a la medicación anterior un antibiótico de espectro adecuado para infecciones bucales.

Como tratamiento de urgencia previa mientras acudimos al veterinario es recomendable lavar la lengua o la zona afectada con agua caliente, ya que el calor desactiva la toxina. Otras alternativas son el vinagre o el jabón; nunca se debe frotar la parte lesionada, ya que así romperemos los pelos dañados liberando después la toxina.

Según indican en Madrid Salud, las incidencias relacionadas con estos insectos pueden ser comunicadas al Departamento de Arbolado Urbano (Dirección General de Patrimonio Verde; Área de Gobierno de Medio Ambiente) Teléfonos: 915880184 – 91.588.59.65

 



Royal Canin
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